TRADICIÓN FILOSÓFICA Y ORAL EN EL VALLENATO (Ponencia)



TRADICIÓN FILOSÓFICA Y ORAL EN EL VALLENATO
(Ponencia)
Por: Nabonazar Cogollo Ayala

Dame tu mano de amigo/ que quiero saludarte/
Desde hace tiempo que busco / la forma para hablarte/
Ven y charlemos de cosas / que nos traerán recuerdos/
Coplas de viejos caminos/ que enmarcan a mi pueblo/

Gustavo Gutiérrez Cabello – Paisaje de Sol (Paseo), 1982[1]


Existe la tendencia un tanto generalizada en nuestro medio cultural latinoamericano de valorar los procesos reflexivos de cuño filosófico desde la excluyente óptica del  eurocentrismo, como si otras formas de reflexión no fuesen válidas o como si se tratase de pálidos reflejos de una pretendida verdad que se supone nacida allende el océano en las tierras de Grecia, Germania o Inglaterra. Ello implica el que se midan, valoren o justiprecien las indagaciones racionales autóctonas, en pro de verdades universales o bien susceptibles de ser universalizadas, desde la tradición diacrónica del pensamiento indo - europeo[2]con un marcado carácter excluyente y por ende de negación de base, parafraseando en esta afirmación a George Wilhelm Hegel (1770 - 1831), el célebre pensador alemán que tanto vapuleó en sus obras a la América de habla española[3]. Se asume la cultura euro-atlántica[4]a la manera de un arquetipo verdadero per se, que sirve de punto de partida, medida y rasero, de toda forma de interpretación de la realidad, del conocimiento y de los valores éticos sociales (para enunciar solamente algunos aspectos). Lo que se aleje o aparte de tal medida se valora dentro de esta excluyente lógica eurocéntrica, como espurio o falso. El Dr., en filosofía de la Universidad Libre de Berlín (RDA), Rubén Jaramillo Vélez afirmaba en cierta oportunidad en la Universidad Nacional de Colombia lo siguiente:
¿Cuál filosofía latinoamericana? ¡Si en América Latina todavía no ha nacido el primer Sócrates![5]
La afirmación es bastante elocuente en este sentido: el viejo y sabio maestro de Platón y Jenofonte: Sócrates de Atenas, hijo del picapedrero Sofronisco y de la partera Fenareta, del Demo de Alópece, de la tribu de los Antióquides[6]. El referido y celebrado Sócrates que tan ampliamente nos presentan los diálogos de Platón, vendría a ser algo así como una forma de medida y de punto de partida necesario para la reflexión racional filosófica a nivel universal. El Sócrates padre de la reflexión racional referida con exclusividad al ser humano (antropología filosófica), padre de la ética como una forma racional de reflexión referida a los valores sociales y del individuo. Padre del Método Mayéutico como una forma más o menos estandarizada (valga el neologismo) de lograr conocimiento universal, racional, sistemático y exacto;entre otros tantos aportes. Ese Sócrates, devendría al tenor de la precitada  afirmación, en el máximo logro de la humanidad en cuanto refiere al avance del conocimiento humano. Cumbre insuperable de la reflexión y de la reflexividad. Esencia medular por ende de la humanidad racional y reflexiva. Devendría en una forma de absoluto. Hasta este punto del desarrollo de las implicaciones discursivas de la lógica excluyente eurocéntrica, es imposible dejar de alentar una sensación de vértigo y de vacío en el estómago. ¿Por qué razón? Porque nuestra intuición (y a veces es sabio dejarse guiar por ella en los movedizos terrenos del pensamiento reflexivo humano). Nuestra intuición, decimos, nos señala con insistencia hacia los indígenas mamos[7] de la Sierra Nevada de Santa Marta o hacia los chamanes de la cuenca amazónica colombo –brasileña - peruana, para mencionar solamente un par de ejemplos a este respecto. Hombres profundamente espirituales que han logrado formas inéditas de conocimiento trascendente, induciendo a formas alteradas de conciencia mediante el consumo de algunas sustancias enteogénicas[8]. ¿Cómo se los podría valorar o justipreciar a ellos, desde el estrecho y mezquino rasero del Sócrates eurocéntrico?
Estaríamos entonces ante una pretendida preeminencia cognitiva de la cultura occidental en el ámbito mundial, que minusvaloraría otras formas de conocimiento de otras latitudes planetarias. Semejante aserción solamente cobra validez y vigencia si se mira a la América Latina, a la América indiana, desde la orilla opuesta, desde las tierras de Germania con toda su innegable tradición humanística, que hunde sus poderosas raíces en Grecia y en Roma. ¿Qué tanto bien o mal nos ha hecho el eurocentrismo en nuestro medio? Malhadado eurocentrismo con el que pretendieron justificarse ante los ojos del resto del mundo y de la historia, los cruentos procesos de conquista y colonia de la América Latina, tanto por parte de Europa como de los Estados Unidos en tiempos más recientes. Sobre este particular se pronunció José María Vargas Vila en su controvertido opúsculo Ante los bárbaros, en 1910?, en los siguientes términos:
Inglaterra, Alemania y, los Estados Unidos, proclamaron la grande hegemonía de su raza, que se cree destinada al dominio del mundo, en virtud del Derecho Divino de la Fuerza; ellos dieron la palabra de orden de la liga formidable: los fuertes serán siempre los fuertes, y, los débiles están llamados a desaparecer[9].

Afirmaciones de este talante y otras similares en esa obra le valieron al cáustico escritor bogotano la expulsión definitiva del territorio norteamericano, dicho sea de paso. Posturas marcadamente eurocéntricas sirvieron a dominadores hispánicos, ingleses y portugueses, posteriormente también a los anglodescendientes de la América del Norte, para perpetrar impunemente sus reprensibles actos de expropiación que la historia ha juzgado con rigor implacable.Mismos que Vargas Vila vapulea con su prosa implacable, en medio del escándalo y la mojigatería de la Colombia de principios del siglo XX y que igualmente denunciara en sus numerosas obras, que fueron condenadas en nuestro medio al ostracismo y estigmatizadas como “panfletos” o “libelos” por parte de la censura oficial.Pero de Vargas Vila hablaremos por extenso en otro momento.

El eurocentrismo nos ha hecho algo de bien, es preciso reconocerlo, porque trajo a estas tierras indoamericanas granadas flores[10] de la cultura europea y occidental en general, como por ejemplo: la lengua castellana, la literatura y la gramática castellanas[11], con su valiosa tradición románica, la arquitectura mozárabe, el barroco, la cosmovisión europea y el cristianismo hispánico, el trazado y diseño urbanístico de nuestras ciudades, entre muchos otros aportes culturales deseables por sí mismos y valorables como buenos. Pero también nos ha hecho mal, no solo porque justificó históricamente la crueldad sin parangón de la conquista y la colonia, porque ha estigmatizado y ha negado de base cualquier otra forma de cultura que le sea diferente o alternativa. El eurocentrismo es una forma o manifestación de cuño occidental, del etnocentrismo. Sobre este particular puntualizan los profesores Jon M. Shepard (Universidad de Kentuky), Sylvia Southhard Odom (Departamento de la Comunidad de Colegios de Virginia) y Brent Taylor Bruton (Universidad del Estado de Iowa), lo siguiente:

La palabra griega “etnos” equivale a “cultura”. Así, el etnocentrismo significa que la propia cultura se coloca en el centro de las cosas. Entonces los aspectos culturales de otras sociedades o grupos se juzgan según se ponderen los propios estándares culturales.  Como hay otras sociedades que culturalmente difieren en algunos aspectos, por definición no están hechas a la medida y por tanto son juzgadas como inferiores[12].

La cultura es por consiguiente, una creación del espíritu humano. Un conjunto de actitudes, valores, pensamientos y formas repetidas de conducta que, transmitidas de generación en generación, nos hacen ser lo que somos y nos diferencian de los demás. La cultura lleva ínsito el componente generador de identidad, tanto individual como colectiva. La pregunta es: ¿La cultura hace que el ser humano sea? La pregunta tiene un innegable sabor metafísico. Estamos tentados a decir que la cultura hace que el ser humano se sienta un ser, en un aquí y en un ahora. El componente cultural (lengua, raza, religión, historia, arte y cosmovisión[13] en una palabra) confiere identidad y estatus ontoconstitutivo al ser humano. Al sujeto tanto individual como colectivo. La cultura nos hace sentirnos un ser, un grupo de seres, un pueblo. Pero el componente metafísico en sí, referido a si la cultura nos hace ser realmente o no, lo dejamos de lado, porque no cae en la esfera de los intereses del presente trabajo investigativo. En otra disertación en el futuro podríamos retomarlo porque reviste un especial interés. Ninguna cultura es superior a otra. Ni tampoco inferior. Esas apreciaciones valorativas de cuño etnocéntrico no son científicas y generan clichés e incomodidades entre los pueblos, difíciles de superar sobremanera cuando atraviesan las décadas y siglos a través del recuerdo generacional.  

Retomamos entonces el interrogante metodológico inicial: ¿Qué tanto bien o mal nos ha hecho el eurocentrismo en nuestro medio? Según la cerrada lupa eurocéntrica el milenario saber de nuestros indígenas americanos no sería válido ni mucho menos verdadero. No sería “nuestro saber”, sino el saber de unos extraños y exóticos “ellos”, ubicados en la periferia del continuum significativo del mundo[14] en tanto ente existente. Tanto más extraños cuanto más alejados de la propia identidad. Conocimiento aquel que devendría en una forma exótica de un cierto tipo de saber que para nada representaría avance alguno en el devenir de la humanidad toda. Las ciencias europeas estudian formas diferentes de su propia cultura, a la manera de “culturas indígenas”. Asistimos aquí ante varias falacias del pensamiento en el desarrollo de este discurso, Miremos las más prominentes: Lo no-nuestro es no-válido; no verdadero y por ende, no es susceptible de ser pensado siquiera. El juicio verdadero es aquel que describe la realidad y el mundo tal y como nosotros la vemos y justipreciamos[15]. Otra forma de ver y justipreciar el mundo es una “curiosidad o una rareza” digna de ser estudiada solo en cuanto tal, desde la autorizada óptica eurocéntrica. La lógica etnocéntrica aun cuando pretenda ser universal y se diga tal, difícilmente lo será de manera real y verdadera, toda vez que privilegia un valor de validez hecho a su propia medida, dentro de un marco cultural especifico.

1.      CONCEPTO GENERAL DE FILOSOFÍA
No es propósito central en el presente trabajo de investigación problematizar a fondo sobre el concepto de filosofía. Pero sí es una ineludible necesidad metodológica aclararle a nuestro amable lector/escucha cómo estamos entendiendo tal concepto, el cual dista de ser unívoco. Cuando decimos filosofía… ¿exactamente a qué nos estamos refiriendo? El vocablo filosofía como es del conocimiento general es de origen griego. Vocablo que fuera acuñado hacia el siglo VI antes de Cristo por el filósofo Pitágoras de la isla de Samos, a modo de repuesta cuando alguien quiso indagar ¿qué hacían él y sus discípulos en el famoso Círculo Pitagórico? La respuesta fue al tenor de lo siguiente: Somos filósofos. A partir de entonces el vocablo nació a la vida, con carta de naturaleza semántica y morfológica propias. Posteriormente el vocablo sería reutilizado en similar o igual sentido por los pensadores subsiguientes. Etimológicamente la palabra se descompone de la siguiente manera: philos= amor, tendencia, gusto o afinidad. Sophos= sabiduría, ciencia, conocimiento. Sobre el particular aclara el filósofo e historiador español de la filosofía, José Ferrater Mora, lo siguiente:
La significación etimológica de *filosofía*es “amor a la sabiduría” a veces se traduce  filosofía por amor al,  pero como los griegos-inventores del vocablo-  distinguían con frecuencia el saber en tanto que conocimiento teórico, y la sabiduría, en tanto que conocimiento  a la vez teórico y práctico. Propio del llamado sabio que es menester tener en cuenta en cada caso a qué tipo de conocimiento se refiere el filosofar…[16]

El filosofar implica de suyo: (1) Un vocablo (dueño de una amplísima tradición en la historia occidental de las ideas, en los últimos dos mil quinientos años al menos. (2) Un quehacer que implica la búsqueda deliberada e intencionada de respuestas, no puntuales, sino de la mayor cobertura y amplitud posibles. (3) Una actitud deliberada de búsqueda intencionada del conocimiento. Esto es una actitud pro – cognoscente. La pregunta filosófica requiere, exige y espera respuestas de índole filosófica, valgan la redundancia y la insistencia. Una pregunta de intencionalidad, alcances y complejidad filosóficas, no se contenta con respuestas ubicuas o puntuales, por cuanto se estaría cayendo en la simpleza e ingenuidad del conocimiento hijo del sentido común. Una pregunta al tenor de: ¿Qué día es hoy? Es irrelevante para el pensamiento filosófico. ¿Por qué razón? Su nivel de indagación del saber es puntual y se apega con estricción al nivel más elemental del conocimiento: la cotidianidad. La pregunta filosófica tiene mayores y más largos alcances e intencionalidades. De hecho, más que estrictamente hallar respuestas a grandes problemas (lo cual no siempre logra), su inmenso valor radica en nacer del asombro de la conciencia humana ante lo desconocido.Y en aras de dicho valor, su valor radica también en plantear una búsqueda o toda una serie de búsquedas respecto de lo no-conocido. La conciencia humana se lanza a la aventura de hallar la esencia medular de aquello que solo le es dado atisbar. La pregunta filosófica se formula al tenor de…

-¿Qué es la vida? ¿Qué es el ser humano? ¿Cuál es su fin último sobre la faz del planeta tierra?
-¿Qué es la existencia?, ¿qué es el ser?, ¿qué es la realidad? ¿La realidad es un ente deviniente? ¿Para qué se existe?
-¿Qué es el arte?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es la verdad? Etc.

Cada ser humano filosofa a lo largo de la vida, en diferentes etapas de la existencia, con mayor o menor grado de intensidad según la vivencia de cada momento. Solo que raras veces somos conscientes de que lo hacemos. Filosofamos cuando somos niños, porque queremos tener respuestas a todo aquello que nos asombra e inquieta. Ante todo aquello que clava el agudo aguijón de la curiosidad en la tierna superficie de nuestra naciente y acuciante conciencia. Filosofamos cuando la vida nos lleva por encrucijadas aparentemente extrañas o paradójicas. Y sobre este particular es esencialmente rico el folclor vallenato. Recordemos en este aspecto, a manera de ejemplo, el sentido paseo vallenato El Ruiseñor Herido, del compositor costumbrista guajiro Idelfonso Ramírez Bula (1951). Una parte de cuyo sentido texto sostiene lo siguiente:

Cuando supe que muy solo me dejabas
Quise volverme loco en mi tormento.
Yo que siempre fui feliz en mis parrandas,
Muy alegre y bullanguero todo el tiempo…
Y mis sones te cantaba con el alma,
Ahora me encuentro solo y ya muriendo[17].

¿Se puede afirmar que aquí hay procesos reflexivos de índole filosófica? Veamos. En principio se trata de un texto lírico-musical que nació de una situación experiencial concreta: el compositor-poeta nos refiere a modo de melancólico lamento su triste situación de vida, luego de haber sufrido el abandono por parte de la mujer amada. La caterva de sentimientos que bullen y palpitan en esa alma sufriente, eclosionan finalmente y toman cuerpo y forma en el texto y la melodía de una canción vallenata, en la que es fácilmente reconocible e identificable el impacto emotivo que inspiró al creador. No hay la intencionalidad expresa de hacer grandes elucubraciones filosóficas ni metafísica de altos vuelos. De haber sido así no se habría creado una canción con elementos de emotividad y sensibilidad poética, sino un tratado filosófico o en su defecto un ensayo científico. ¿Entonces cuáles podríamos decir que fueron las intencionalidades creativas del compositor poeta? En principio canalizar esa energía emocional de su sentir, a manera de desahogo psicológico, en medio de una situación de vida difícil y angustiante, a través de una creación lirico musical. Miremos otro ejemplo en donde el compositor – poeta recrea, ahora sí,  aspectos relacionados directamente con la filosofía tradicional de Occidente, a manera de reelaboración personal. Freddy Molina (1945 - 1972) fue conocido durante sus últimos años de vida como un asiduo lector de pensadores europeos, como por ejemplo René Descartes (1596 - 1650). Al parecer se sumergió en las procelosas aguas del Discurso del Método, del padre del racionalismo continental europeo, a juzgar por el contenido de las siguientes manifestaciones lírico-musicales…

Tal vez dirán 
que soy hombre confundido
pensando en cosas
que de ser no dejarán.
Excusen si necio he sido
con este reflexionar
Si luego pienso luego existo
dijo Descartes al pensar
coro
Como hojas secas quedarán
hasta mis canciones que quiero
que en el mañana no se oirán 
la vida cambia con el tiempo
Lamento los días que se van
ansioso espero su regreso[18].

Aquí hay una genuina veta filosófica en el vallenato tradicional clásico colombiano. Analicémosla con detenimiento y rigor. Luego de haber hecho unas vibrantes evocaciones sobre algunos aspectos de su niñez, el compositor – poeta lleva al lector/escucha a un ámbito más reflexivo que evocador. De todos es bien conocido el principio cartesiano del Cogito Ergo Sum: Pienso luego soy, pienso luego existo. Recreémoslo rápidamente a manera de ilustración didáctica.  En sus Meditaciones Metafísicas René Descartes plantea, paso a paso, el proceso de búsqueda del conocimiento racional en el ser humano que nos permitiremos parafrasear a continuación en apretada síntesis:
-1. Debemos buscar verdades claras (evidentes al espíritu) y distintas (susceptibles de ser distinguidas de otras verdades).
-2. La única forma de hallarlas es mediante el escrutinio estricto y riguroso de la razón.
-3. En consecuencia, debemos rechazar todo cuanto nos venga dado por los sentidos, por cuanto estos son fuente de engaños y errores. La percepción sensorial es engañosa y falaz, toda vez que nos muestra las cosas no como son, sino como no son.
Ahora bien. Debemos suprimir de nuestro entendimiento todos aquellos contenidos que no resistan el estricto cedazo de la razón: ideas de origen material, ideas emotivas, percepciones sensoriales… Así las cosas, el sujeto cognoscente solamente quedaría en su entendimiento con la razón en tanto capacidad humana de razonar (o producir ideas y razonamientos) y con la duda misma.  La duda de manera metódica fue el instrumento cognitivo por medio del cual la voluntad subjetiva fue aniquilando, una a una, todas sus anteriores convicciones, a la luz de que no eran estrictamente racionales. Surge esta inquietante pregunta dialéctica: ¿Podemos dudar de todo, incluyendo el hecho mismo de estar dudando? ¿Es viable la duda de la duda? Si somos estrictamente consecuentes con el discurso cartesiano, tendríamos forzosamente que decir que no. ¿Por qué razón? La duda de la duda implica, necesariamente, la negación de la negación. La duda autorreferida o autorreferencial, sería autodestructiva, toda vez que arrojaría un manto de negación sobre la negación misma. Aquí nos encontramos con una genuina paradoja del pensamiento lógico formal, en la cual la negación vuelve sobre sí misma, ahora revestida con el ropaje verbal de la duda. La duda de la duda ya no sería duda. Devendría en afirmación o certeza indubitable. ¿Por qué razón? Porque la negación de la negación es una afirmación[19], y Descartes muy claro lo tenía por ser él matemático de formación. Fue así como a la final y luego de un proceso de deconstrucción de las certezas hasta entonces tenidas como tales en nuestro entendimiento, la duda acabó llevándonos a una verdad cierta e indubitable, que se ilustrará a manera de un silogismo, como sigue: Si dudo, entonces pienso. Y si pienso, entonces existo. En consecuencia, por pensar existo. Cogito Ergo Sum, según el original cartesiano en latín moderno.
Freddy Molina se sumerge de alguna manera en estas profundidades dialécticas del pensamiento lógico formal, cuando dice… “Pensando en cosas que de ser no dejarán”. Estamos ante una legítima reformulación del principio lógico formal de la doble negación, articulada en la siguiente línea de pasos argumentativos:
-1.  Los hombres no-confundidos (valga decir, los hombres sensatos) piensan en cosas que son. Esto es, cosas que poseen existencia y son de suyo, cognoscibles, en las coordenadas de tiempo y espacio.
-2. Los hombres confundidos son aquellos que piensan lo que no es, las cosas que no son. El vacío total y anonadante de la existencia. La nada (bien sea total o parcial).
En consecuencia:
Si yo (compositor-poeta en la primera persona discursivo- gramatical): pienso lo que no es, entonces soy un hombre confundido. Valga decir, un enajenado cognitivo de la realidad. Porque hablo de lo que no es, pienso lo existentemente vacío.
Es imposible hilar estas deducciones lógico-discursivas a partir de los versos de Freddy Molina, sin evocar el Poema del Ser, del filósofo griego clásico Parménides de Elea (siglo VI antes de Cristo). El joven Parménides oriundo de la rubia Elea, en el extremo sur de la Italia meridional, cierto día –según él mismo refiere en el exordio del Poema del Ser; estaba apacentando calmadamente sus ovejas. Cuando he aquí que de repente un ser celestial se apareció ante él y le tocó la frente con la sagrada planta del acónito. La mente del joven Parménides se llenó en el instante de una divina y abundante sabiduría[20], que lo arrebató hacia las alturas celestiales ante la presencia misma de los inmortales dioses del Olimpo. Parménides se vio conducido por las diosas heliconíadas[21] hacia la presencia de Diké, la diosa griega de la justicia, quien lo saluda con extremada amabilidad y lo hace objeto de una serie de profundas e inquietantes revelaciones para el conocimiento humano. Entre todo lo que Diké le dice a Parménides, se encuentra el siguiente principio:
El Ser es, el No-Ser no es. Es más, ni siquiera puede ser pensado
Estamos ante el insoluble problema del Ser (todo lo que es, todo aquello de lo cual se predica existencia). Y la Nada (vacío total de existencia, negación radical del Ser en todas sus manifestaciones: (1) Materia (2) Pensamiento, forma o idea (3) Emanación verbal o palabras. La diosa le dice a Parménides: Solo un camino queda: El ser que es. El otro camino no lo permito que lo sigas porque es falaz y engañoso y ni siquiera se puede pensar: el del Ser que No Es[22].
El pensamiento humano solamente podría conocer entonces lo que es, sólo podría indagar sobre aquello que plena y legítimamente posee existencia: El Ser. De la Nada, nada se podría decir ni predicar (valga la redundancia), porque es de suyo incognoscible, inabarcable y por ende impredicable. Retomando a Freddy Molina tenemos lo siguiente: ¿Por qué sería un hombre confundido, “pensando en cosas que de ser no dejarán”? Lo que no deja de ser (lo que nunca jamás abandona su atributo de existencia), no deja de ser y por ende Es. En consecuencia, el confundido, el orate, el enajenado mental, pensaría las cosas que dejan de ser, que varían su mismidad existente, su onto- constitución. ¿Quién habría de juzgar de tal manera a Freddy Molina? El lector/escucha, el receptor de tal mensaje, una vez lo haya decodificado y se haya retroalimentado de él. ¿Fundándose a su vez en qué razones? En las siguientes:
-1. Hacer evocaciones del pasado, de alguna manera es sumirse en las regiones del No-Ser (o de la Nada), por cuanto el pasado estrictamente hablando ya no es, porque fue.
-2. De otro lado, hacer evocaciones del pasado, de alguna manera es hundirse igualmente en las regiones del Ser que se actualiza o se retrotrae del ayer  y que al abandonarlo abandona su estatus de No-Ser para devenir en Ser, hacia un presente vuelto recuerdo, vuelto evocación y vertido en la lírica métrico - musical de un canción vallenata.
¿En qué radicaría entonces, en última instancia,
la hipotética confusión del compositor / poeta?

En hablar en un sentido canto vallenato: (1) Del Ser que ya No Es, porque Fue. (2) Del Ser que viene del No-Ser del pasado, por la vía del recuerdo y la evocación, pero que vuelve a Ser, en tanto actualización del recuerdo. Apretado intríngulis dialectico formal que se devela a la luz de la tan aparentemente sencilla estrofa del compositor Freddy Molina:
Tal vez dirán 
que soy hombre confundido
pensando en cosas
que de ser no dejarán.
Excusen si necio he sido
con este reflexionar…
Si luego pienso luego existo
dijo Descartes al pensar

El compositor remata con el Cogito Ergo Sum cartesiano[23]. Pareciera ser que nos dice: Confundido o no, es este mi discurrir. Pensar me actualiza como ser existente, como persona y como ser humano. Pensar me hace ser Yo, en toda la plenitud del vocablo, según ya lo sentenciara el viejo y sabio Descartes. Este es el sentido último de tan profunda y significativa estrofa, a nuestro modo de ver. Culminamos esta primera parte de nuestra intervención, en torno a la presencia del concepto de Filosofía con un par de ejemplos concretos tomados del mundo vallenato clásico.
El sabio maestro de Alejandro magno, Aristóteles de Estagira fue quizás el primer pensador occidental en conceptualizar más allá de lo que lo hiciera el viejo y sabio Pitágoras de Samos, en torno al recién nacido vocablo Filosofía. En su Metafísica o Filosofía Primera sentencia lo siguiente:
Hay una ciencia que estudia lo que es,  en tanto en tanto que algo que es, y los atributos que, por sí mismo le pertenecen. Esta ciencia, por lo demás, no se identifica con ninguna de las denominadas particulares. Ninguna de las otras (ciencias), en efecto, se ocupa universalmente de lo que es, en tanto que algo que ese, sino que tras seleccionar de  ello una parte, estudia los accidentes de ésta[24].
La Filosofía sería por ello, desde los pretéritos tiempos del estagirita, la ciencia que se ocupa de lo que Es, del Ser, de Lo Existente. Definición esta con la cual se aviene perfectamente nuestro compositor poeta ya comentado brevemente, Freddy Molina. Recientemente el filósofo de la Universidad de New Castle (Inglaterra), Dr. Garrett Thomson aporta una definición más actual y moderna del concepto de Filosofía. Veamos:
La filosofía es un proceso humano. Ser un pensador independiente es una cuestión de actitud y sentimiento, tanto como de la razón. Para comprometerse con eso uno tiene que aprender de sí mismo, de sus propios procesos de pensamiento. Esto significa preguntar continuamente, analizar, contestar y argumentar por uno mismo…[25]
La filosofía sería por ello una actitud, un quehacer, un cierto modo de proceder cognitivamente (método), una forma determinada de abordar la realidad tanto en su totalidad como en su particularidad. E inclusive, el muy ilustre pensador inglés contemporáneo vamás allá, cuando afirma algo que erizaría los pelos del más recalcitrante de los filósofos racionalistas y neo-racionalistas: la filosofía es algo de sentimiento, es un sentir. Involucra por ello mismo el ámbito de nuestras emociones, las cuales anteriormente (siglos atrás) se rechazan con vehemencia por considerarlas antitéticas respecto de la razón, en tanto devendrían en negación radical de la propia racionalidad. El pensador, el filósofo, es un individuo analítico que, armado con el arsenal cognitivo que su entendimiento todo le proporciona, se enfrenta al cúmulo inquietante de problemas del mundo, tras de respuestas profundas o al menos de la detección de problemas (muchas veces insolubles), que le permitan asumir el saber, el telo-saber y el pro - saber del mundo, de ese cosmos en el que el ser humano es poco menos que un grano dorado de arena en una playa cósmica de un océano infinito.
¿El compositor - poeta vallenato es un filósofo? No, por cuanto su pretensión natural es la de cantar en sus creaciones el rico y variable mundo de sus experiencias vitales, que él juzga dignas del pentagrama y que eventualmente llegan a formar parte del imaginario colectivo del vallenato. No sería un filósofo en el sentido técnico del término, por cuanto dicho concepto – de cuño eurocéntrico además- en nuestro universo cultural cesarense y Caribe, es un poco extraño, en tanto poco conocido, en tanto extranjero, en tanto ajeno a nuestros referentes culturales concretos. El compositor – poeta  es un reflexionador de la vida, un cantador de experiencias vitales, un contador de historias, eventualmente en nuestros actuales tiempos es también un divulgador de noticias (como otrora lo fuera en los tiempos de los juglares del Magdalena grande) y un creador-esteta, que intenta verter en notas y palabras, en feliz y equilibrada amalgama de armonías y donosura,  el convulsionado, paradójico y atrayente mundo de su sentir. ¿Lo logra hacer de la mejor manera, en términos de forma y coherencia de pensamiento? Ello es directamente proporcional al grado de escolaridad y de formación académica que el compositor –poeta tenga. Al respecto de dichas vivencias suelen haber interesantes e incisivos procesos reflexivos no exentos de profundidad y rigor, generalmente acompañados con elementos poéticos. Y los ejemplos a este respecto son abundantes, veamos al menos uno de los que hemos dado en considerar como más significativo a este respecto.
El juglar vallenato Juancho Polo Valencia, nacido en la vereda de Concordia, municipio del Cerro de San Antonio (Magdalena) en 1918, acuñó una de los más vibrantes testimonios de vida en su conocida canción Alicia Adorada.  Él y su esposa Alicia María Hernández Páez –vivían en una finca en inmediaciones de Fundación (Magdalena) hacia la década de los cuarenta (ca.). Alicia había tenido complicaciones de salud a raíz de un aborto, lo que la postró en cama durante varios días con fiebres preocupantemente altas. Juancho era un hombre parrandero, cantador, verseador y dicharachero empedernido. La buena mujer le pidió al marido que viajara al pueblo a comprarle la droga para las fiebres, pero que por favor no se fuera a llevar su acordeón. Juancho accedió gustoso a la petición, pero insistió en llevarse su acordeón terciado al hombro. La mujer le decía: ¡No Juancho, no te lo lleves! Si te la llevas te emparrandas y no vuelves más por aquí por todos estos tiempos. No mujer, te prometo que vendré con los remedios este mismo día por la tardecita. Se fue el cantarino Juancho silbando alegremente una melodía, a lomos de su vieja mula romosinuana. Una vez en Fundación, las parrandas no se hicieron esperar. Juancho olvidó todos sus buenos propósitos para con la moribunda Alicia y hasta el dinero de la droga fue a parar a la cantina. Una vez que el dinero y las ganas parranderas se le agotaron, Juancho tornó a la finca donde lo aguarda su abnegada esposa. Habían transcurrido cinco días desde entonces. Llegó con el alma acongojada por el remordimiento y ensayando por el camino las justificaciones que le iba a presentar ante su amada. Pero cuando llegó al viejo camastro de lona en donde yacía Alicia María, notó algo terrible: su amada había partido a las regiones de la eternidad. Con el alma transida por el dolor, el arrepentimiento y el sentimiento de culpa, Juancho cogió su viejo acordeón y empezó a improvisar estas manifestaciones del espíritu, mientras copioso llanto empapaba su rostro:
Como Dios en la tierra no tiene amigos
Como no tiene amigos, anda en el aire.
Tanto le pido y le pido, ay hombe[26]
Siempre me manda mis males.
Se murió mi compañera, qué tristeza…
Se murió mi compañera, qué dolor…
Y solamente a valencia, ay hombe
El guayabo le dejó.

Irrumpe el concepto teológico con la fuerza telúrica de la identidad del espíritu: Dios es el Ser de los seres, el supremo e incausado absoluto ante el cual el compositor – poeta se rinde y se postra, en actitud suplicante y de resignado desvalimiento, como en esta oportunidad. Jesucristo fue crucificado por la maldad humana, por esa razón “Dios en la tierra no tiene amigos” (dentro de la lógica intrínseca del texto). Pero su sustancia invisible y omnipresente se hace sentir en la infinitud del éter, que el compositor – poeta llama “el aire”. Por determinación de la suprema e inescrutable voluntad, Alicia María falleció. Ante este hecho terrible pero irrecusable a la vez, el compositor –poeta, se rinde y doblega su ego de macho Caribe, para aceptar el hecho cumplido del ineludible  destino. Esto no es filosófico, pero sí está atravesado por el sentimiento humano y por una profunda reflexión ante la insondable naturaleza del Ser Trascendente, de la historia humana y del destino ante el cual el homo sapiens sapiens es poco menos que nada, dada la inasible variabilidad y contingencia del curso de la historia.  El compositor – poeta reflexiona desde el ámbito mismo de su cotidianidad, respecto de todas aquellas incidencias que han impactado o impresionado su psiquis

2.      CONCEPTO GENERAL DE VALLENATO
¿Qué estamos entendiendo por el concepto de vallenato en términos del presente trabajo de investigación? El controvertido concepto de vallenato en torno al cual discurriera ampliamente Consuelo Araujonoguera (q.e.p.d.) también ofrece un amplio espectro semántico con valoraciones diversas, respecto de lo cual solo nos pronunciaremos tímidamente y de manera informativa a título de ilustración de los amables lectores/escuchas. Para Consuelo Araujonoguera el asunto era fácil: el vallenato no era otra cosa que la expresión folclórica autóctona de Valledupar y áreas de influencia, a lo largo de la ribera del Magdalena hasta la zona de sabanas en los actuales departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba. Tan evidente era este concepto para la precitada autora que no juzgó necesario incluir la definición de Vallenato en el Lexicón del Valle de Upar[27].  El vallenato tradicional clásico se articula en torno a tres instrumentos básicos: el acordeón (componente europeo), la caja o membrana timpánica de resonancia (componente africano que de alguna manera marca el ritmo) y la guacharaca (componente indígena, que marca la estridencia acompasada que media ente la melodía, el ritmo y la voz humana). Clásica trifonía respeto de la cual también se ha pronunciado el abogado e historiador cesarense Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa en intervenciones diversas, como es del público conocimiento.
¿Qué es Vallenatología? Ciencia que estudia el vallenato, no solo como aire musical y por el aspecto literario de los versos que se cantan, sino desde el punto de vista etnográfico, etnológico, geográfico, cultural y espiritual. Es un término acuñado por la autora de este lexicón y, si bien no ha recibido aprobación de la academia, sí tiene el visto bueno del pueblo y de los medios, que lo utilizan a menudo[28].
El concepto de vallenato en el cual nos apoyamos en el presente trabajo es el de Consuelo Araujonoguera, que quizás es el que más ha trascendido y ya ha hecho carrera en tratados de folclorología colombiana. Sin mayores elementos epistémicos a la mano y echando mano de sus conocimientos e intuiciones, Consuelo sentó las bases de la vallenatología, entendida como la ciencia etnográfica, sociológica y antropológica cuyo objeto de estudio es la manifestación folclórica raizal propia del Cesar y el Magdalena grande: el vallenato.
3.      LA PRESENCIA DE PROCESOS REFLEXIVOS NO FILOSÓFICOS EN LA CANCIÓN CADENAS DE ROSENDO ROMERO GUZMÁN
En este apartado tomaremos a Rosendo Romero Guzmán (1954) el compositor vallenato oriundo de Villanueva (Departamento de la Guajira, sector sur), como arquetipo del compositor marcadamente reflexivo y egoente[29]. Entre sus obras tomaremos como epicentro discursivo el paseo vallenato Cadenas, grabado en 1976 en la voz de Jorge Oñate con el conjunto de los Hermanos López. Recientemente vuelto a grabar este tema en la voz de Ivo Díaz. El texto de la referida canción se articula en seis sextetos e inicia de la siguiente manera:
Yo que creí que me soñaban las mujeres (13 sílabas)
Que podría enamorarme de cualquiera. (12 sílabas)
Siempre egoísta me burlé de sus quereres (13 sílabas)
Pero el corazón me puso cadenas, (11 sílabas)
Cambiaba el alma por parrandas y placeres (13 sílabas)
Pero la aventura me cambió una pena. (12 sílabas)

¡Es Increíble!.. Yo que fui el Gran Ruiseñor (13 sílabas)
y que creí ser el rey de los amigos (12 sílabas)
Creí sincero a todo el mundo. Y la traición (13 sílabas)
puso mil fronteras sobre mis caminos. (12 sílabas)
Yo fui el galán, que hoy vive de cualquier manera (13 sílabas)
Sufriendo la espera de cualquier cariño.
(12 sílabas)

Se trata del Exordio de la canción: inicio temático en el cual se plantean de manera directa y sin ambages los siguientes tópicos:

-El desengaño, la soledad y el abandono por parte del compositor – poeta. (Irrumpe el Yo egoente, que se debate en la angustia existencial del abandono y el sufrimiento por razones varias).
-La expresión profunda de la tristeza, la soledad y la melancolía. (Universo interno de los propios sentimientos): fui egoísta, burlé, hice daño… A mi vez creí, confié en…; en consecuencia me traicionaron, me olvidaron y mal me pagaron[30].
- La situación lírico – narrativa está planteada en el exordio, así: Yo fui socialmente reconocido (en mi ámbito cultural concreto) como enamorado, cantador, conquistador y dueño de muchos amigos. Por mi marcado egoísmo con tendencias hacia el delirio de grandeza, repentinamente fui abandonado, engañado y traicionado

Desde el punto de vista estrictamente formal, dicho sea de paso, el texto está estructurado con una gran belleza y equilibrio literario, que lo hacen ser sobresaliente en la lírica narrativa vallenata del siglo XX, sin temor a equivocarnos en dicha apreciación. Se alternan versos dodecasílabos (12 sílabas) con versos tridecasílabos (de 13 sílabas), lo que evoca de manera inevitable la lírica del poeta modernista colombiano José Asunción Silva, guardadas las debidas proporciones de tiempo, situación cultural, género y estilo. Hay un uso recurrente de la metáfora, con base en la cual el compositor – poeta da a entender o sugiere contenidos de naturaleza ética, como por ejemplo…

Yo que entre flores siempre anduve de parranda (13 sílabas)
Ya convencido que todo lo merecía… (13 sílabas)
Si había una rosa… ¿qué importaba deshojarla? (13 sílabas)
Y después dejarla con el alma herida. (12 sílabas)[31]

-1. Tema central: Procesos reflexivos del compositor – poeta, avalados en una experiencia marcadamente personal y profundamente aleccionadora, la cual es valorada como sustancia temática susceptible de ser cantada, esto es, de ser digna de la loa, con todo lo que ello implica de por sí[32]. ¿A qué se le canta entonces? A un determinado haber vivido, una cierta experiencia de índole amorosa con ribetes de existencialismo emocionalista, acuñado por Rosendo Romero Guzmán[33]. Aclaremos hasta aquí el alcance significativo de los anteriores planteamientos. El tópico central, eje de todas las miradas y respecto del cual el compositor – poeta llama insistentemente la atención del lector/escucha, es el Ego. El Ego del conquistador, el enamoradizo, parrandero, mujeriego, cuyo amor propio, reconocida reputación y hombradía, de alguna manera sufrieron un serio traspiés[34].

El compositor – poeta se pone él mismo, con todo su haber vivido y el peso de su significación experiencial concreta, ante la lupa del lector/escucha. Vuelve a irrumpir el hombre enamoradizo, dicharachero, quien vive la vida con una acendrada cosmovisión alegre, parrandera e irrecusablemente hedonista[35], poco afecta a las responsabilidades demasiado pesadas o al sentido del deber opresivo o limitante de la propia libertad[36].  El compositor – poeta se duele en su ego herido, lamenta ver su triste condición, en la que dejó de ser el conquistador empedernido, para devenir ahora en un hombre abandonado, vencido, derrotado en sus pretensiones conquistadoras. ¿Qué motivó todo ello? Él reconoce que la causa inmediata fue su propia actitud ante la vida, la implementación de un ETHOS de macho Caribe, que en su expresión más acerva lo llevó a límites de egoísmo y actitudes despiadadas, sin parangón en la propia historia de vida del compositor – poeta.

-2. Temáticas colaterales  clímax del texto

La primera persona del compositor – poeta (a manera de voz cantante o rectora) lleva al lector-escucha a vivenciar diversos momentos de dramatismo, a lo largo del texto. El esteta se debate en una profunda crisis existencial: un cuestionarse de manera radical respecto del fin último de la propia vida, un dolerse de los propios hechos perpetrados y sobre todo, un vivir en medio de una aberrante y espantosa soledad, prohijada por su haber hecho daño de manera inmisericorde a cuantas mujeres se le acercaran en el pasado.
Yo que creí ser un hombre de paciencia (12 sílabas)
Pero ¡qué va!, si Hasta reír me desespera
(12 sílabas)
Yo no pensaba equivocarme en mi existencia
(13  sílabas)
Pero los errores siempre me condenan.
(12 sílabas)
Yo fui el romántico inspirado en la nobleza 
(13 sílabas)
Pero mis canciones se volvieron penas.
(12 sílabas)

Este es el momento dramáticamente culminante del todo el texto de la canción Cadenas, de Rosendo Romero Guzmán. Estaríamos ante el clímax del pronunciamiento lirico – musical del dolor, el sufrimiento y el abandono que se sufre como resultado de una vida anterior poco ética, machista y con ribetes de megalomanía o culto exagerado de la propia persona, hasta el límite mismo del daño y el sufrimiento ajeno.
-3. Coordenadas de tiempo y espacio: ¿Dónde se desarrolla la acción narrada? ¿Cuándo se desarrolla la acción narrada?

La coordenada temporal no es deducible a partir del mero texto de la canción, por cuanto el mismo resulta insuficiente para adelantar un rastreo de deducción cronológica. Se requeriría ahondar en el contexto histórico de la creación lírico – musical. Diríamos entonces que el tiempo en la canción es indefinido toda vez que no se enmarcaría en un contexto histórico fácilmente identificable o concreto.

CHORUS

Y la niña que mi alma adoró, (10 sílabas)
La perdí sin poder hacer nada, (10 sílabas)
De esa vivencia brotó esta canción (12 sílabas)
¡Cadenas tristes, cadenas del alma!
(11 sílabas)
¡Qué vida tan triste! ¡Qué pueblo tan solo! (12 sílabas)
¡Me muero mil veces en cada recodo! (12 sílabas)

El compositor – poeta nos sigue hablando en primera persona. Vuelve a ponerse a sí mismo en el primer plano de referencia ante su escucha/lector. Es marcadamente evidente que él presupone que su experiencia vital es susceptible de ser universalizable, o al menos, que la misma reviste algún tipo de interés para cuantos hayan de escucharle. Este hablar de sí mismo y de la propia experiencia de vida en una creación lírico- musical, pone de presente una vez más el acendrado ego del juglar vallenato clásico tradicional. Se estaría entonces en la capacidad de llegar a la sensibilidad de un número importante de personas a través de una creación lirico – musical, que de alguna manera tocaría la sensibilidad de otras conciencias y plantearía de suyo una cierta forma de diálogo tácito con ellas y sus correspondientes universos de referencia y significación.

Conclusiones
Irrumpe a lo largo de todos los ejemplos rápidamente analizados en la presente ponencia el personaje del macho caribeño: hombre enamoradizo, parrandero, mujeriego, con acendrado espíritu bohemio y dueño de la capacidad de improvisarle sentidos cantos y/o versos a la mujer amada, o al menos a la que de momento llama su atención, acompañado por su vibrante acordeón vallenato. Este personaje inspirador, multifacético, polémico y marcadamente paradójico, es dueño de una ética muy particular la cual hemos caracterizado en el presente trabajo como la ética del prototipo masculino caribe. Ella es el hilo rector y punto de partida respecto del cual se han producido en su gran mayoría las creaciones lirico – musicales del folclor vallenato. El compositor – poeta no es un filósofo de oficio, pero ello no nos autoriza a decir que no sea un reflexionador profundo respecto de la realidad, a partir de la impronta de la propia experiencia de vida. Antes por el contrario.  Ahora bien, la filosofía clásica occidental inspiró en algunos momentos de su producción lirico musical a Freddy Molina, quizás diríamos de manera excepcional. Hemos contado en la producción lírica del acervo vallenato con elevados procesos reflexivos, algunos con marcado tinte psicológico, otros con tendencias metafísicas y otros más con presencias reflexivas sobre el ser humano, digamos entonces, antropológicos.

La reflexión humana respecto del haber vivido, el haber aprendido experiencialmente, el haber derivado profundas y aleccionadoras enseñanzas a partir de…, no es privativa de ningún modelo cultural en la faz del planeta tierra, como quizás la postura etnocéntrica del eurocentrismo ha presupuesto a lo largo de los siglos, según era nuestra alusión inicial.  

Cada pueblo, cada universo de valores espirituales, tradiciones, mitos, leyendas, lenguas, razas y procesos teológicos, tiene de suyo su forma propia de ver, valorar y justipreciar la realidad. Pero pretender que la de una cierta cultura es la única válida y que por ende prima sobre la de los demás pueblos, constituye un exabrupto de la conciencia que debe ser evitado a toda costa, porque deviene en exclusión, descalificación antiética del otro, y por ende peligrosa y potencial fuente conflictos. Los compositores – poetas de la cuenca del río Cesar y del Magdalena Grande han dado sobradas muestras de ello a despecho de Jorge Guillermo Federico Hegel y de todos aquellos que creen aun hoy en día, que solamente es válida la reflexión filosófica si ella se inscribe dentro de la tradición filosófica occidental, para-occidental u occidentalizante. Hay profundos procesos reflexivos en las creaciones de nuestras estetas del pentagrama vallenato, como algunos de los ejemplos vistos nos lo han permitido ver y deleitar. Un hombre campesino con una formación escolar mínima, como fue Juancho Polo Valencia, elaboró en una situación límite del sufrimiento humano, una de las más vibrantes manifestaciones del espíritu jugar vallenato: Alicia Adorada, que llegó a conmover con su velada historia y sus profundas reflexiones teológico-místicas a toda Colombia, luego de haber sido arreglada por ese eximio juglar de El Paso (Cesar), que fuera Alejo Durán.  Ciertamente el vallenato no es técnicamente filosófico[37], pero sí es profundamente reflexivo, con elevados vuelos de emotividad y sentimiento; lo cual se hace sentir a través de gráciles pinceladas literarias, que han logrado elevados grados de perfección en creaciones típicas a este respecto como las de Carlos Huertas, el compositor guajiro. Rosendo Romero, el maestro Leandro Díaz Duarte; el compositor de Chimichagua, Camilo Namen Rapalino; Idelfonso Ramírez Bula, la maestra Rita Fernández Padilla,  entre tantos otros. Esta lista no pretende ser cerrada.  Es labor de los filósofos latinoamericanos colombianos acometer el desentrañado profundo de esas maravillosas perlas del pensamiento popular ocultas en las madreperlas de las creaciones líricas de nuestro vallenato tradicional clásico, que tanto orgullo le ha dado el país.  




[1] Cf. GUTIÉRREZ CABELLO, Gustavo. Suspiros del alma: veinticinco años de canciones de un vallenato romántico.Eds. El Diario Vallenato. (Cesar) Septiembre 5 de 1988. Valledupar
[2]Se retoma acá la denominación étnica del lingüista Bopp, quien desarrolló la tesis según la cual: las lenguas europeas tendrían todas, un origen único, que sería la primitiva lengua del pueblo ario, asentado en la cordillera del Cáucaso, frontera natural entre Europa y Asia. Esa hipotética lengua (cercana al sánscrito) sería el indoeuropeo, que algunos etnolingüistas se han dado a la tarea de reconstruir al menos etimológicamente.
[3] Filósofo alemán considerado como el mayor exponente del idealismo clásico alemán. Padre del panlogismo o propuesta según  la cual “Todo lo real es racional y lo racional es real”.
[4] Euro-atlántico(a): hace referencia al ámbito cultural propio de la Europa occidental, incluyendo Estados Unidos y Canadá.
[5] Frase nacida al socaire de una curso de Introducción a la Modernidad, Departamento de Filosofía, Facultad de Ciencias Humanas, 1989. Archivo Personal y notas de clase.
[6]En la Grecia antigua y clásica, los nombres se adjudicaban de la siguiente manera: primero iba el nombre de pila (Sócrates, por ejemplo). Acto seguido el nombre y la ocupación del padre (ejemplo: hijo del picapedrero Sofronisco). Posteriormente iba el demo (barrio ateniense) al cual pertenecía y finalmente la tribu o familia de la cual formaba parte. (ejemplo: del demo de Alópece, de la tribu de los Antióquides). Ese era el nombre completo de Sócrates.
[7]Etnia indígena colombiana que en la actualidad se halla ubicada en las estribaciones de la Sierra nevada de Santa Marta, con una población próxima a los 5000 habitantes. Poseen una lengua del tronco chibcha – arawak.
[8]Término acuñado por el etnoantropólogo norteamericano Charles Gordon. El vocablo es de origen griego y significa  “Lo que hace o produce que los dioses habiten en nosotros”.
[9] VARGAS VILA, José María. Ante los Bárbaros (Los Estados Unidos ante la Guerra). El yanqui: he ahí el enemigo.(Editorial desconocida), aprox. 1980. Pág. 37
[10]Valga el uso metafórico del concepto.
[11] La primera gramática castellana traída por los conquistadores a América, fue la Gramática de la Lengua Castellana de Elio Antonio de Nebrija.
[12] SHEPARD, Jon M., SOUTHARD ODOM, Sylvia y TAYLOR BRUTON, Brent. Sociología. Ed. Limusa. México 1999. Pág. 48
[13] Cf. MORALES GÓMEZ, Gonzalo. Cosmovisión I. Ed. U. San Buenaventura. Bogotá (Colombia), 1992
[14]Cf. ECO, Umberto. Decir casi lo mismo. Eds. Limusa. Bogotá (Colombia), 2000
[15] Lo cual no siempre es objetivo, toda vez que las nociones de verdad y de realidad varían significativamente de una cultura a otra.
[16] FERRATER MORA, José. Diccionario de Filosofía. Eds. Ariel. Barcelona (España), 1994. Vol. E-J. Pág.  1270
[17] Canción grabada discográficamente en el álbum: DOS ESTRELLAS, por los Hermanos Zuleta, 1977
[18]Grabada en la voz del vocalista cesarense Jorge Oñate, con el conjunto de los Hermanos López, en el año de 1980. (?)
[19]Principio lógico formal de la doble negación, el cual sostiene lo siguiente: la negación de la negación es una afirmación.
[20] Inspiración: “tomar el aire divino de los inmortales dioses”. Lo que equivale a decir, respirar su mismo aire y por ende participar de sus mismas ideas y pensamientos, por unos breves instantes.
[21] Hijas del monte Helicón, montaña propia de los Cárpatos griegos.
[22] Cf. PARMÉNIDES. Poema del Ser. En: Filósofos Presocráticos. Eds. Gredos. Madrid (España), 1997. Vol. I
[23] Con lo que de alguna manera se fusionan dos autores correlativos, en cuanto a las temáticas abordadas, por uno y otro, en diferentes momentos de la historia: Rene Descartes y Parménides de Elea, quienes fueran muy significativos en la tradición metafísica de occidente.
[24] ARISTÓTELES, Metafísica, Libro IV 1003a, Eds. PlanetadeAgostini. Barcelona (España), 2000. Págs. 20-35
[25]THOMSON GARRETT, Introducción a la práctica de la filosofía. (Traducción Pablo Arango Giraldo). Ed. Panamericana. Bogotá (Colombia), 2002. Pág. 18
[26] Apócope costumbrista del vocablo castellano: hombre.
[27] Cf. Op. Cit. Lexicón del Valle de Upar.
[28] ARAUJONOGUERA, Consuelo. Vallenatología. En: Trilogía Vallenata: homenaje a Consuelo Araujonoguera. Ed. Ministerio de Cultura, Proyecto Babilonia. Bogotá, (Colombia) 2002. Pág. 723
[29] Egoente: Relativo a la propia constitución del ser del yo, en tanto entidad trascendente que confiere algún grado de existencia a todo cuanto le rodea. “Mi yo hace que lo demás sea”.
[30] Valgan las paráfrasis.
[31] Se han subrayado las metáforas del texto.
[32] Loa: canto a  la dignidad. Por extensión, cantico honorifico a todo cuanto asombre e incluso produzca algún grado de temor en el ser humano.
[33] Existencialismo Emocionalista: lo asumimos a la manera de Jean Paul Sartre: El Yo solamente es en  tanto se debate  en un presente que actúa cognitivamente en su conciencia. No es en su ser histórico, por cuanto en dicho aspecto ya fue. No es en su ser futuro, por cuanto aún no ha sido. Hasta aquí el existencialismo Emocionalista lo asumimos como el estatuto de existencia referido respecto de sí mismo, a partir del sentimiento de culpa, la tristeza, el abatimiento y la melancolía.
[34] El concepto de hombradía  lo tomamos aquí a la manera de encarnar el tipo del hombre valeroso, que no teme las eventualidades de la vida, que rehúye el miedo y se autoafirma en términos de radicalidad muchas veces temeraria.
[35] Hedonismo: Propuesta ética clásica nacida en la Grecia antigua, cuyo planteamiento central es el siguiente: La felicidad radica en la satisfacción plena y total de los propios sentidos.
[36] ETHOS del macho Caribe. (Como lo hemos caracterizado en el presente trabajo).
[37] Al menos no a la manera como en la tradición occidental se entiende dicho término – concepto.

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